< Volver al sumario
Volumen 23 - Número 3 - Julio - Septiembre 2015
Evaluación final de los residentes

JM. Caminal Mitjana1, S. Muñoz Quiñones2
1Cap del Servei d´Oftalmologia. Hospital Universitari de Bellvitge. 
2Tutora de Residents. Hospital Universitari de Bellvitge.

CORRESPONDENCIA
Josep Mª Caminal Mitjana
E-mail: jmcaminal@bellvitgehospital.cat

Silvia Muñoz Quiñones
E-mail: smq@bellvitgehospital.cat

La excelencia del sistema MIR para la formación de nuestros médicos especialistas es indiscutible, pero como cualquier sistema puede y debe mejorarse. Esta formación se adquiere en unidades docentes externamente acreditadas, y es evaluada por los tutores docentes de manera continuada (anualmente y al final de la residencia). Es fácil intuir la corruptibilidad del sistema si se cae en el paternalismo por parte de los tutores, que valoran positivamente a los propios discípulos con la finalidad de realzar su propia labor y la de su servicio, lo que a su vez redunda en la continuidad de la acreditación externa. Otro punto débil es la heterogeneidad entre los programas de las diferentes unidades docentes, en algunos casos las actividades que son requeridas como imprescindibles en un servicio pueden ser voluntarias o no se realizan en otros.

Por esos motivos se debería establecer un sistema de evaluación externo al de la unidad docente que sería el consabido y temido por algunos, examen final. Este examen final debería ser superado por todos los residentes, independientemente de su calificación en la evaluación continuada, una vez que hayan terminado su residencia y conseguido su título de especialista, de manera similar al Board americano (Board certificate). El diploma otorgaría un destacado valor curricular que lo hiciera atractivo y proporcionaría una mayor puntuación para acceder a un puesto de trabajo.

Con esta idea en mente, y ante la ausencia de exámenes finales externos para evaluar los conocimientos tanto teóricos como prácticos en nuestro medio, las evaluaciones externas internacionales presentan un interés creciente. Los dos tipos principales son el ICO y el EBO.

El primero, el ICO está organizado por el International Council of Ophthalmology, y su finalidad es determinar el grado de conocimiento teórico en diferentes áreas como ciencias básicas, óptica-refracción, y clínica. No se examinan competencias, por tanto aprobar el examen no es equivalente a una titulación para ejercer como especialista en oftalmología. Los aspectos positivos de mayor relevancia son la realización del examen en el propio país (en nuestro caso donde están los coordinadores locales, Valencia y Barcelona), la rigurosidad y homogeneidad en la elaboración de las preguntas y por último en el caso de facultativos procedentes de países en desarrollo el aumento de posibilidades de ser aceptado en un fellowship específico para ellos (nuestros residentes no entran en esta categoría). La desventaja es el precio de la matrícula, que se desdobla en 4 o 5 partes en función de las pruebas a pasar, y que para el sueldo de un residente resulta especialmente caro (según los precios de los módulos que constan en su página web, ronda los 1.700 euros). Ya que se aconseja hacerlo en dos o más convocatorias (una por año) por la gran extensión del temario, el impacto del elevado precio queda algo diluido en el tiempo.

El examen rival es el EBO (European Board of Ophthalmology), que está organizado por la UEMS (Unión Europea de Especialidades Médicas). El primer examen se realizó en Milán en el año 1995, y desde entonces se celebra anualmente en París. En la mayoría de países de la Unión Europea es un examen voluntario pero Suiza y Bélgica han sustituido su propio examen nacional por éste, para acceder al título de especialista tras el periodo de residencia. Cada vez con mayor frecuencia, el candidato que supera el examen añade el título de FEBO (Fellow of the European Board of Ophthalmology) después de su nombre, junto con otras abreviaturas de su curriculum como PhD (diploma de doctorado). Por ejemplo: Gómez J. MD PhD FEBO. Su finalidad, y ésta es la principal diferencia y ventaja respecto el ICO, es que se evalúan conocimientos y habilidades clínicas, puesto que cuenta con una parte teórica y una parte práctica con casos clínicos reales. Los exámenes tienen un alto porcentaje de aprobados y se puede obtener el diploma en una sola convocatoria. Las tasas de inscripción son sensiblemente menores (cerca de 400 euros) y se suma al coste de un fin de semana en París.

Insistimos en el aspecto que la posesión del diploma (ICO o FEBO) es opcional para ejercer en otros países de la Unión Europea y no una condición obligatoria para el libre ejercicio y circulación de especialistas. Sin embargo, debemos considerarlo una prueba de excelencia en la formación de los especialistas en oftalmología y que homogeneiza el contenido del programa formativo, a la vez que equipara las unidades docentes, no sólo en un ámbito nacional sino que también a nivel internacional.

Por último cabe mencionar los motivos por los cuales los residentes de cuarto año y jóvenes especialistas en oftalmología han mostrado un creciente interés por estos exámenes. En primer lugar, la saturación del mercado laboral por el mayor número de plazas de formación ofertadas en los hospitales catalane y la crisis económica han impulsado a numerosos especialistas a buscar un futuro en un lugar de la Unión Europea o más allá. Este tipo de exámenes nos normaliza e iguala al resto de residentes europeos. Por otro lado, los tutores docentes los promueven para consolidar la formación de los residentes dentro de su programa de aprendizaje y como un medio de auditoría externa.

Es por todo ello que recomendamos encarecidamente a nuestros residentes que se preparen y realicen este tipo de exámenes aunque para ello se requieran largas horas de estudio y dedicación, puesto que va a redundar directamente en su formación como especialista y en sus posteriores posibilidades de incorporación al mundo laboral.